4. IA, APRENDER A ESCUCHAR: UN LOGRO VALIOSO
Durante muchos años creí que avanzar era hablar bien, argumentar con solidez y tener respuestas rápidas. Pensaba que el valor estaba en lo que uno decía. Con el tiempo, la vida me enseñó algo distinto y más profundo: aprender a escuchar fue mi mayor logro.
Escuchar no es simplemente oír palabras. Es prestar atención real, sin preparar la respuesta mientras el otro habla. Es suspender el juicio, abrir espacio y aceptar que el otro puede enseñarnos algo, incluso sin proponérselo. Esa forma de escuchar no se aprende en libros; se adquiere con experiencia y humildad.
La prisa, la necesidad de opinar y el deseo de tener razón son grandes enemigos de la escucha. Mientras uno está ocupado en afirmarse, deja de comprender. Aprender a escuchar implicó desaprender muchas actitudes: la interrupción, la certeza inmediata, la respuesta automática.
Escuchar transformó mis relaciones. Comprendí que muchas personas no necesitan soluciones, sino presencia. No buscan consejos, sino ser tomadas en cuenta. Cuando alguien se siente escuchado, algo se ordena por dentro, aun sin palabras adicionales.
También aprendí a escuchar los silencios. Hay pausas que dicen más que los discursos y miradas que expresan lo que no se puede formular. Escuchar incluye aceptar esos tiempos sin llenarlos de ruido.
Con los años entendí que escuchar es un acto de respeto profundo. Es reconocer la dignidad del otro, su historia y su manera de ver el mundo. Escuchar no debilita; fortalece. No resta autoridad; añade humanidad.
Aprender a escuchar también fue aprender a escucharme. A reconocer emociones, límites y necesidades propias. Sin esa escucha interior, la exterior es incompleta. El ruido interno suele ser el primer obstáculo para comprender a los demás.En una época dominada por la prisa y la opinión constante, escuchar se ha vuelto un gesto raro. Tal vez por eso es tan valioso. Escuchar exige tiempo, presencia y una disposición genuina a comprender.
Hoy puedo decir que muchas de las mejores decisiones de mi vida no nacieron de grandes discursos, sino de haber escuchado a tiempo. Por eso, si tuviera que señalar un logro verdadero, no elegiría una meta alcanzada ni una respuesta brillante, sino haber aprendido a escuchar.


