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5. Buscando la sabiduría

Capítulo 5

BUSCANDO LA SABIDURÍA 

por José Saúl Velásquez Restrepo



Inicio el tema con dos frases de los muy reconocidos intelectuales antioqueños, el maestro Luis López de Mesa: “el sabio repite sus juicios hasta llegar a la fórmula infalible de una sencillez majestuosa” y del Dr. Hernán Echavarría Olózaga, quien nos enseñó economía con un manual: “El Sentido Común de la Economía Colombiana”.

Cumpliendo cincuenta años de casado y próximo a cumplir setenta y cinco de edad, agradezco inmensamente a Dios por mi familia paterna y por la que constituí con María Elena Piedrahita Gaviria; mis hijas Marcela Inés, Claudia Patricia; mis hijos Carlos Alberto Emilio y Camilo Alfredo; me siento con:

La fuerza de un toro de lidia,
la habilidad de un pajarito,
la calma de un maestro,
el entusiasmo de un principiante,
el deseo de un niño,
la serenidad de un veterano,
la inteligencia de un joven, y
la empatía de un sabio.


El famoso filósofo alemán, Emanuel Kant, dice:"tan solo por la educación puede el hombre llegar a serlo. El hombre no es más que lo que la educación hace de él; sin educación, las personas no podemos desarrollarnos hacia nuestro máximo potencial. La ciencia es el conocimiento organizado, la sabiduría es la vida organizada.” Ciencia y sabiduría generan sinergia en nuestras vidas, pues la ciencia, es el camino hacia el conocimiento o la sabiduría.

El inteligente sabe aplicar el conocimiento adquirido en el pasado para solucionar las situaciones que se le presenten; el sabio vive el más alto grado de conocimiento regido por valores, con una conducta prudente. El primero se ocupa del ¿cómo? El segundo, según Kant puede cambiar de opinión, respondiendo a un ¿por qué?

Confucio dijo: aquél que procura asegurar el bienestar ajeno, ya tiene asegurado el propio. Una persona inteligente se caracteriza por su habilidad para pensar y manejar información, escogiendo bien las fuentes. Tiene potencial  para resolver problemas de toda índole, utilizando la lógica complementada con el pensamiento lateral o paralelo implementado por Edward de Bono para aprovechar mejor la tan, hasta ahora, desperdiciada capacidad cerebral.

Practicar la empatía ayuda a una persona inteligente a buscar la sabiduría porque le da paz interior, le permite  proyectarse a la comunidad con espíritu de servicio, a ser considerado con los demás, buen oyente, prudente, amigo de no juzgar y sobre todo le mejora la inteligencia emocional. Lo vuelve respetuoso y a su vez, respetable.
La sabiduría es una dimensión excepcional que se vincula con la auténtica bondad, se asocia con mentes muy abiertas y la vía a la plena felicidad. Los sabios son hábiles para adquirir información a partir de su vida y de sus experiencias para utilizarlas con espíritu integrador, argumentando con claridad ante afirmaciones rotundas, equilibrando el interés propio con el bien común. Saben relativizar y miran pacientemente y en forma comprensiva la realidad hasta encontrar la mejor forma de hacer las cosas. No juzgan; utilizan el pensamiento crítico para tratar de comprender todas las opiniones buscando para todos, lo mejor en el largo plazo, clave para el bienestar propio y el de los demás.

Según Aristóteles, "sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego". Los sabios requieren valor para aguantar adversidades y tentaciones, prudencia, capacidad de adaptación, saber callar cuando no hay nada importante que decir, ser muy buenos oyentes y manejar el equilibrio entre la lógica y la voluntad.

Las anteriores cualidades se acrecientan en la medida que se avance en el conocimiento de sí mismo; se apliquen los valores que se vayan adquiriendo a las situaciones cotidianas y que se practique con mucha disciplina, la meditación, la experimentación y la apertura mental necesaria para no ver todo en blanco y negro, aprendiendo a ver los diferentes matices del gris.

Una persona inteligente, desde muy joven puede orientarse a la búsqueda de la sabiduría, acrecentando su inteligencia con la meditación, con un plan bien diseñado y práctica diaria; reflexionando con buenas lecturas; manteniendo relaciones interpersonales con gente de todo tipo; aprendiendo idiomas, disfrutando la música y tocando instrumentos; saliéndose de la rutina; utilizando todos los miembros del cuerpo; haciendo regularmente ejercicio físico y mental (jugando ajedrez2) y tomando los descansos adecuados.

Desarrollando su inteligencia, si empieza a buscar labores que le brinden felicidad en la medida que las ejecuta y lo hace pensando en función de servicio para todos los públicos con quienes interactúa, está muy cerca de practicar la empatía y de organizar sus conocimientos y su vida.

Lógicamente, para poder actuar de ésta forma, debe organizar juiciosamente el aspecto económico, de tal forma que le permita vivir sin limitaciones de éste tipo, sin esclavizarse por hacer acumulaciones que lo puedan afectar y distraer de su objetivo prioritario: la sabiduría; recordando que el dinero es un medio para satisfacer necesidades y no un fin, en sí mismo.

Organizar su vida orientado por los principios: la salud, el amor, compartir, interactuar con pensamientos positivos para encontrarlos en los demás, el perdón, tomar decisiones y vivir el momento. Mantener muy clara la mente para preparar con toda calma su testamento para desapegarse de todo y repartir sus acumulaciones, en vida y no dejar problemas potenciales. 

La empatía es una capacidad innata del ser humano pero puede mejorarse cultivando el arte de escuchar atentamente, con mentalidad abierta y sin interrumpir para lograr entender de la mejor manera a quien habla. Desde luego, siempre y cuando lo haga bien intencionado; demostrándole interés en comprenderlo y ayudándole con preguntas aclaratorias; mostrándole alternativas para discutir sin prejuicios y aceptando que nadie es dueño de la verdad.

El aspirante a sabio debe tener muy claro que, según Jacques Rousseau, "la juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla y, nos  cuesta una vida alcanzarla". No se trata de un asunto de carreras y  NO se puede apretar el acelerador, ni quemar etapas; se trata de un proceso lento, que requiere mucha constancia, paciencia, decisión y reflexión para retroalimentar permanentemente con un espíritu constructivo avanzando al ritmo que las circunstancias lo permitan, sin menospreciar a nadie, teniendo claro que gastaremos toda nuestra vida progresando “a pasito de tortuguita” casi sin acercarnos nada a la sabiduría infinita que es Dios, porque bien vale la pena intentarlo con todos nuestros recursos hasta llegar al juicio final.

Del Libro de la Sabiduría 7, 22–8, 1:

La sabiduría es un espíritu inteligente, único, y múltiple, sutil, ágil y penetrante, inmaculado, lúcido e invulnerable, amante del bien, agudo y libre, benefactor, amigo del hombre y bondadoso, firme,  y sereno, que todo lo puede y lo ve todo, que penetra en todos los espíritus: el inteligente, el puro y el más sutil.
La sabiduría es más ágil que cualquier movimiento y, siendo inmaterial, atraviesa y penetra todo. La sabiduría es un resplandor del poder de Dios, una pura emanación de la gloria del Todopoderoso,
Por tanto, nada sucio puede contaminarlo. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo inmaculado de la actividad de Dios y una imagen de su bondad.
Ella sola puede hacer todo; sin cambiar nada, renueva todo; entra en las almas de los buenos de cada generación, los hace amigos de Dios y profetas, porque Dios ama sólo a los que viven con sabiduría. La sabiduría es más brillante que el sol y que todas las constelaciones;
En comparación con la luz del día, la sabiduría gana porque el día vence a la noche, pero contra la sabiduría, el mal no puede hacer nada.
Se extiende poderosamente de un extremo al otro del mundo y gobierna gentilmente todo el universo.

2.  https://www.biblegateway.com/passage/?search=1%20Reyes%203&version=BLP


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