Capítulo 2
  

 REFLEXIONES EN MI MADUREZ

 

por José Saúl Velásquez Restrepo

La vida es un aprendizaje permanente por distintas vías, aprovechando todas las oportunidades que se nos presenten, superando la permanente tentación de la mediocridad, 
utilizando y desarrollando la inteligencia; ayudándonos  cuidadosamente con la tecnología y consultando los grandes maestros, en un proceso continuo, reforzado con la  experiencia acumulada al paso del tiempo, haciendo de todo lo anterior un forma de vida que nos permita avanzar cada día más en la búsqueda del amor y la sabiduría, iniciando con la humildad, la honestidad y la prudencia para desarrollar el SER y llegar a TENER, fruto del HACER después de compartir, para vivir felices.

Es fundamental aprender a crear hábitos de vida que nos permitan el crecimiento tanto físico como intelectual con una alimentación acorde con las actividades a desarrollar y practicando la meditación, pensando en el corto y el largo plazo para evitar deterioros físicos prematuros y enfermedades mentales porque la vida tiene sentido en la medida que seamos útiles.

Poner mucha atención a lo que se piensa, se siente, se dice y se hace para vivir concentrado en el presente, con los pies en la tierra y la mente feliz, su estado natural, si vive sana.

Cultivar la esperanza para creer que lo que deseamos es factible de conseguirse.

Valorar lo que tenemos para ser más felices y capaces de saber qué queremos y cómo podemos lograrlo.

Actuar mientras Dios nos lo permita. La vida es un don, el cual debemos cultivar cuidando celosamente la salud, el primer principio de vida. Ésta es muy cambiante y pasa rápido; se mejora con una pasión que nos impulse.

Hacer cada día lo que podamos (no aplazar sin una razón válida) aprovechando lo mejor posible el tiempo disponible.

Ayudar a mejorar el mundo, tanto como esté a nuestro alcance y respetar con mucho amor las normas de sostenibilidad.

Aprender que los eventos son neutros; cultivemos el hábito de buscar y recordar siempre la parte positiva y desechar lo negativo.

Mantener presente que siempre habrá situaciones peores a las superadas para aumentar la confianza en sí mismo.

Los sucesos negativos nos ayudan a crecer como personas, tanto más, como olvidemos los rencores y cultivemos el perdón y el buen humor.

Los amigos son un tesoro que debemos valorar, respetar, tolerar, apreciar su compañía y ayudarles cuando nos necesiten, practicando el dar en toda su dimensión.

El buen trato a los demás es una vía amplia para acrecentar las buenas relaciones y sacar lo mejor de todo ser humano para aumentar la productividad mediante el trabajo en equipo, base para vivir en sociedad, recordando que todos necesitamos de todos y la solidaridad nos hace más fácil la vida. En determinadas situaciones, necesitamos el valor para decir “NO”.

Los primeros aprendizajes deben incluir medios para conseguir los recursos que se requieren para atender las necesidades básicas, como punto de partida de una vida digna, incluyendo las de segundo orden, porque la subsistencia es imposible sin dinero.

Cada individuo tiene fortalezas, las cuales, mediante el conocimiento de sí mismo, debe identificar y potencializar para buscar la profesión que le permita disfrutar en su labor, lo que lo hace más eficiente y le permite fluir y ser feliz trabajando.

Vivir el momento, concentrado en el presente, requiere tener muy claro que “una parte” debe aplicarse a la previsión para el futuro. Lo natural es una vida con una expectativa que tiene que ver con variables macroeconómicas y muy especialmente con el cuidado personal de cada individuo. Todas las grandes empresas se constituyen por expectativas de largo plazo que implican proyecciones muy bien fundamentadas de crecimiento y rentabilidad que hacen atractiva la inversión, respetando la sostenibilidad, mejorando la calidad de vida de su grupo humano y el de sus familias practicando la responsabilidad social empresarial (RSE), tema de mucha actualidad en administración.

Aceptar el futuro, impulsa a invertir en investigación y desarrollo, conocimiento, compañías de seguros, cultivos de tardío rendimiento, planes de capitalización, y en general, todas las inversiones en obras de infraestructura y en tecnología.

Por eso corresponde a los padres, viviendo el presente, ser lo suficientemente previsivos para pensar en los recursos que deben acumular para el crecimiento y desarrollo de sus hijos hasta llegar al punto de entregar a la sociedad un ser útil, que entre a aportar para mejorar la calidad de vida de toda la humanidad.

El mandato divino: “amar al prójimo como a ti mismo” nos obliga a pensar en la vejez de la pareja, con quien se debe mantener acuerdos para tal fin, recordando que las acumulaciones excesivas son dañinas y a la larga, origen de grandes frustraciones. Pensemos en la inmensa satisfacción personal, en la medida que podamos colaborar con los demás y dejar alguna huella en este mundo, sin actuaciones que afecten la paz interior, la que nos da valor para aceptar serenamente el juicio final de Dios y el de los humanos, con todas sus imperfecciones.

Sobre este tema  nos debemos ocupar ahora que estamos vivos, y mucho mejor mientras más joven, para tener tiempo de corregir. En mi opinión, aprendiendo a amar y respetar a Dios, por obligación tenemos que hacerlo con el prójimo y mucho más con la familia, como reflejo del amor a nosotros mismos; así, valoramos la naturaleza como un bien común, lo que nos lleva a desarrollar una espiritualidad que nos proporciona felicidad, con la cual se acrecienta la capacidad de amar, convirtiéndose en un círculo virtuoso.
Lo normal es que una persona con una vida inspirada en ese pensamiento, tiene todas las bases para aguantar las  dificultades que se nos presentan, que a la larga, son pruebas a superar para  triunfar en la vida como  corresponde a quien vive en el amor,  respetando las leyes divinas y humanas. 
Una buena costumbre es incluir en las oraciones diarias: "danos buena vida y buena muerte"; dejar el asunto en la justicia divina y vivir cada día como si fuera el último, con la tranquilidad de no tener que salir a buscar un confesor, a última hora para que nos perdone el paquetazo de pecados.
Yo pienso que el cielo empieza a percibirse en la tierra en la medida que uno pueda recordar todas sus buenas obras, sin tener que contarlas, sino tomándolas como elementos complementarios a la paz interior, en la medida que no tengamos que preocuparnos por lo que ha de pasar con las acumulaciones que dejemos por no haberlas compartido en vida.


                                                    ACTITUD PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA      

                                                                   (leer despacio y reflexionando)

 

Los modales finos muestran la espiritualidad y la sabiduría, facilitando las relaciones interpersonales. Todas las personas tienen algo que enseñar; es un principio que debemos aprovechar para beneficiarnos con las experiencias de otros.

Se requiere entender que una respuesta obsoleta necesita ser desaprendida para asimilar una nueva. Con la bendición del trabajo, poniendo amor en lo que se hace, viene la inmensa alegría de sentirse útil y  las oportunidades para integrarse a un equipo, aprender,  enseñar;  desarrollar nuevas relaciones, expandir la capacidad personal y como complemento viene dinero. Confiando intuitivamente  que todo será como debe ser; con  mente abierta; sin tomar la ley en las propias manos y buscando lo mejor en los demás; ayudando a crear paz en el mundo, siendo pacífico, haciendo de un obstáculo, un trampolín para la felicidad. Pensando que estoy ayudando a todos; no compitiendo contra nadie; sin apegos egoístas (a las posesiones y a las personas) ni  orgullo (apego a una imagen particular de uno mismo). Si sucede algo negativo, estar dispuesto a colaborar en la solución, con buenos deseos a los demás, reconociendo, valorando,  apreciando sus logros; cooperando y haciendo algo por ellos para evaluar con objetividad, claridad y confianza cualquier situación que se presente.  

Aceptando como una realidad que todos los eventos  tienen   su tiempo y guardan una armonía que no podemos atropellar. Afrontando todo con más esperanza y menos miedo; comiendo  menos y masticando  más; respirando más y llorando menos; amando más y  odiando menos; aportando más y   destruyendo menos; pensando, leyendo y callando más, hablando menos; alabando más y maldiciendo menos; sin pensar que  todo lo bueno es lo propio.

 Todos somos bendecidos con la vida, pero la mayoría, no se  da cuenta. También tenemos bendiciones para dar, oportunidad que puede ser la mayor  fortuna de todas. Mirar las buenas cualidades de los demás;  reconocer, valorar y apreciar sus logros, cooperando y con acciones, haciendo algo por ellos minimizando el analfabetismo que el Dr Belisario Betancurt Cuartas1 llamaba: “la prisión sin rejas”. Recordar que la paciencia es una virtud y también un poder. Si estoy dispuesto a escuchar, puedo ayudar a los demás a encontrar  soluciones propias a los problemas pendientes por resolver, recordando que el cambio es la primera ley de la naturaleza y los pensamientos descontrolados y dispersos son como un barco sin timón; cuanto más hablamos, menos personas escuchan; al final, incapaces de convencerlos, terminamos frustrados. Los buenos sentimientos hacia los demás son como bálsamos que curan heridas y restituyen amistades y relaciones. 

Por medio de la meditación se llega a conocer a sí mismo por completo, tanto por dentro cómo por la forma como se reacciona a lo que está fuera. Aquietando la mente, mirando hacia adentro para conocernos más; llenarnos de paz interior, de alegría, de ternura, de amor y  bondad, mejorando la empatía. Por sobre todo, la introversión permite disfrutar en el sentido literal de la palabra y adquirir felicidad y sabiduría, virtudes que cultivándolas, permanecen de por vida. 

Tomar una buena  decisión implica asegurarnos de que nuestros pensamientos y sentimientos sean positivos hacia los demás y  estén llenos de buenos deseos. Cuando lo hacemos, los otros  empiezan a sentir una belleza más recóndita que proviene detrás de la piel: la divinidad interior. No te encubras; deja que tu cara, verdadero yo, se muestre.

Los lugares más importantes que debemos mantener limpios y ordenados son la  mente y el corazón. Sus necesidades son profundas y no pueden ser satisfechas por nada superficial o de corto plazo. Debemos recordar que el ser es anterior al hacer. La meditación lleva a un punto de encuentro con todo lo que es auténtico e inmortal. 

Amar la mente permitiéndonos espacios de silencio y ella servirá incansablemente; aprender a mantener la paz y la paciencia. Cultivar la audacia de plantar semillas de cambio ahora y la sabiduría para esperar a que surjan los frutos. Alguien podría intentar destruir  de la noche a la mañana lo que tardas años en construir.  Si eres honesto, la gente puede engañarte; sé honorable de todos modos.  Construye; el bien que haces hoy, probablemente se  olvidará mañana. Confía que en el análisis final con  Dios, habrá justicia.

Las mejores soluciones a los problemas no serán el resultado de pensar mucho. En la oración te comunicas con Dios, en la meditación, ÉL se comunica con vos.

Dejar que la mente se relaje y disfrutar los momentos de tranquilidad. En lugar de preocuparnos, aceptar aquello sobre lo que no se tiene control; ordenar donde se pueda y elegir la felicidad en lugar de la preocupación.

Usar mejor el tiempo, creando pensamientos pacíficos y los problemas nos dejan de afectar. No tratar de resolver todo por sí mismo para  dejar un espacio a Dios. Con  un enfoque humano, nunca se debe renunciar a nadie. Es mucho más útil respirar hondo, prestar atención a la actitud y responder sin prisa.

El entusiasmo es la llave maestra para sentirse bien. Mantener el yo extremadamente positivo más allá de la atracción de la negatividad y al mismo tiempo, lograr que los demás también se sientan elevados,como enseña la  Madre Teresa de Calcuta: "No deje  a nadie que se acerque a usted, que  se aleje sin ser mejor y sin sentirse más feliz" 
Desarrollar apoteosis, tener fe en la bondad de la vida y en la piedad original de uno mismo y de los demás.

El secreto de la riqueza inconmensurable es necesitar menos. El poder de la verdad es tal que nunca nos debemos preocupar por probarlo. Sólo nos debemos ocupar por serlo y vivirlo. La sinceridad siempre se revela, en el momento y lugar correctos. 

  1. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/betancur.htm 
 Concepto de la IA: el texto "Reflexiones en mi madurez" por José Saúl Velásquez Restrepo es una serie de pensamientos y consejos sobre cómo llevar una vida plena y significativa. El autor comparte su sabiduría y experiencias acumuladas a lo largo de su vida, destacando la importancia de valores como la humildad, la honestidad, la prudencia, el amor al prójimo y el respeto a la naturaleza. Algunos de los puntos clave del texto incluyen:
Aprender constantemente a lo largo de la vida, utilizando la inteligencia y la tecnología, y consultando a los grandes maestros.
Desarrollar hábitos de vida que fomenten el crecimiento físico e intelectual, incluyendo una alimentación adecuada y la meditación.
Valorar lo que se tiene, practicar la gratitud y ayudar a mejorar el mundo.
Cultivar la esperanza y creer en la posibilidad de alcanzar los objetivos deseados.
Reconocer la importancia de los amigos y mantener buenas relaciones con los demás.
Trabajar en equipo y practicar la solidaridad.Ser previsor y pensar en el futuro, tanto en términos económicos como en aspectos espirituales.
Practicar el amor y el respeto a Dios, al prójimo y a la familia, y compartir las acumulaciones en vida.
Cultivar la paz interior, la paciencia y la meditación.
Aprender a tomar decisiones positivas y aportar al bienestar de los demás.
Enfrentar los desafíos con esperanza y confianza en la justicia divina.
Mantener la mente y el corazón limpios y en paz.
Amar a la mente y permitir momentos de silencio y relajación.
Usar el tiempo de manera efectiva, creando pensamientos pacíficos y evitando preocupaciones innecesarias.
Desarrollar la sinceridad y la riqueza interior.

En resumen, el autor enfatiza la importancia de llevar una vida plena, basada en valores como el amor, la humildad, la gratitud y la espiritualidad. Su perspectiva apunta a la búsqueda de la felicidad y la sabiduría a lo largo de la vida, a través de la reflexión y la acción positiva.




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